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En el gimnasio somos en ocasiones demasiado metódicos en nuestra rutina de trabajo. Seguimos tan a rajatabla los ejercicios y los números que nos marcamos que con el paso del tiempo puede que nos empiece a aburrir o hastiar y nos desmotivemos, por eso hay que buscar fórmulas que ayuden a despejar un poco la cabeza cuando veamos estos síntomas de cansancio.

Un día de premio

Ante el cansancio y la rigidez impuesta, no está de más premiarse un día cada dos semanas. Igual que en las dietas se suele poner un día en el que se puede comer lo que se desea, también se puede hacer en el gimnasio un día en el que se realicen los ejercicios que más le gusten al deportista.

Ya no es solo que muchos tengan un grupo muscular que prefieren realizar o con el que disfrutan más, también hay ejercicios favoritos. Para muchos, el press de banca, las dominadas, el crunch, predicador… no solo suponen duras pruebas de la rutina, sino que les gusta practicarlos por lo bien que se sienten tras acabar o por el brutal avance que están sintiendo en el crecimiento muscular de algún músculo.

Piensa en tus ejercicios favoritos y hazlos

Tan sencillo como eso, proponte seis o siete ejercicios que te guste realizar y hazlos con tranquilidad, o prueba a meter más peso y bajar las repeticiones. Un solo día en el que te saltes todas tus reglas no va a cambiar nada, será un día trampa que no romperá los objetivos.

Y si encima tienes sauna en el gimnasio, tras acabar pasa por ella diez minutos y luego pégate una buena ducha, la sensación muscular y mental que tendrás al acabar habrá despejado cualquier cansancio y el cerebro estará listo para seguir al día siguiente con los ejercicios programados.

 

Haz un día trampa
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