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Empecemos por el principio. Si estás intentando perder peso o (más concretamente) reducir tu porcentaje de grasa corporal, sin duda te vendrá bien reducir el consumo de alcohol.

Por desgracia, la ingesta de alcohol es un problema muy arraigado en la sociedad  y tiene la capacidad de acabar con tu progreso, por varias razones.

Además de aportar energía extra (calorías) a tu ingesta diaria, el alcohol interfiere con las vías metabólicas normales, incluyendo la “quema de grasa”.

Esta interferencia puede conducir rápidamente a que se almacene más grasa corporal.

Aquí se analizará específicamente cómo y por qué el consumo de alcohol perjudica la pérdida de grasa.

Dicho esto, no queremos que este artículo se vea como una mera advertencia.

En su lugar, ofrecemos orientación sobre cómo puede reducir cómodamente su consumo de alcohol con un impacto mínimo en su vida social.

El alcohol y la grasa corporal

La pérdida de grasa no es fácil para muchas personas y es por eso que hay que fomentar este “lucha” para que no siga frenando el progreso de la gente.

Para perder grasa, hay que “quemar” más energía, en el gimnasio (y a lo largo del día), de la que se consume a través de los alimentos.

Por supuesto, ¡es mucho más fácil consumir calorías que quemarlas!

El alcohol contiene 7 kcal por gramo.

Esto supone 3 kilocalorías más por gramo que las proteínas y los hidratos de carbono, y sólo 2 kilocalorías menos por gramo que las grasas alimentarias.

Si todas las fuentes de energía de la dieta están disponibles en la sangre de forma conjunta, el alcohol es la opción preferida del cuerpo.

Esto significa (para simplificar) que primero debes quemar todo el alcohol que has consumido antes de poder empezar a quemar la energía que has obtenido a través de otras fuentes, es decir, tu comida.

En este sentido, la energía del alcohol es similar a la del azúcar, es rápida, fácil de metabolizar y el cuerpo da prioridad a su uso.

Alcohol y tu metabolismo

La capacidad del alcohol para inhibir la quema de grasas de su cuerpo se produce a través de dos mecanismos metabólicos distintos.

Ambos mecanismos implican la creación de un exceso de NADH en la sangre, un compuesto producido por el alcohol.

El NADH puede ser utilizado por tu cuerpo para producir nuevos ácidos grasos y glicerol (un azúcar simple), o puede entrar en un mecanismo separado (y algo complicado llamado; la cadena de transporte de electrones), donde se utiliza como energía.

Ambos mecanismos cambian e interfieren con el metabolismo normal de las grasas y “bloquean” los procesos estándar de quema de grasas en el cuerpo.

Si se lleva al extremo, esta consecuencia del consumo de alcohol puede provocar diversas afecciones asociadas al alcohol, como la enfermedad del hígado graso y un mayor riesgo de sufrir un ataque al corazón.

Sin embargo, lo que es menos grave, puede frenar tu esfuerzo por perder grasa muy rápidamente.

Más calorías menos pérdida de grasa

Además de que el consumo de alcohol interfiere en el metabolismo normal de las grasas, el alcohol también puede aportar una cantidad significativa de energía a su consumo diario.

Una “cerveza light”, una pequeña porción de vino seco o un trago de un licor destilado de 80 grados te proporciona más de 100 calorías o energía líquida pura.

Estos son sólo los menores de los males. La cerveza estándar (no light), el vino y los licores contienen muchas más calorías debido al contenido extra de carbohidratos de estas bebidas.

En una ración típica de una bebida alcohólica estándar, puede haber muchas más kilocalorías de las que imaginas.

Por ejemplo, una pinta de cerveza aporta unas 200 kcal, un vaso grande de vino blanco unas 190 kcal y los refrescos o licores unas 160 kcal cada uno.

En cambio, un té helado Long Island puede aportar unas 700 kcal por cóctel.

Tendrías que incluir un entrenamiento extra cada semana sólo para disfrutar de uno de estos cócteles el fin de semana.

Si estás en un programa intensivo de 12 semanas, poniéndote en forma para unas vacaciones o incluso haciendo ejercicio para mantenerte en buena forma, estos son factores importantes a tener en cuenta.

No al alcohol

Los antojos son un verdadero problema

Hay muchos estudios que sugieren que el alcohol tiene un impacto significativo en el efecto de los antojos de comida y afectará a tu grado de satisfacción después de una comida.

El alcohol también puede aumentar el apetito y el deseo de consumir alimentos ricos en azúcares y grasas y con un alto contenido energético.

En estudio concreto publicado en la revista “Appetite” (2010)  puso a prueba a sujetos femeninos que consumieron bebidas alcohólicas y no alcohólicas antes de su almuerzo.

El equipo de investigadores informó que cuando la muestra de mujeres que consumió alcohol se sentó a comer, consumió significativamente más alimentos (y más energía) y reportó tener más apetito durante el resto del día, incluso después del almuerzo.

Un aumento del apetito, que lleva a una mayor ingesta de alimentos densos en energía, obviamente perjudicará tu pérdida de grasa y el resultado de tu esfuerzo en el gimnasio.

¿Cómo puedes parar?

Queremos dejar de lado los elementos que no ayudan a combatir esta especie de “adicción” y destacar sólo los que nos parecen más eficaces.

Consejos:

1* Cuéntaselo a tus amigos/familia y pídeles ayuda

El reto más común para los que empiezan a reducir su consumo es la presión para conformarse socialmente.

Puede ser que pronto vayas a algún cumpleaños, o cualquier tipo de fiesta.

Estas ocasiones fomentan (y a veces exigen) el consumo de alcohol.

Si haces saber a tus colegas, amigos y familiares que estás reduciendo el consumo y que es importante para ti, obtendrás/deberás obtener su apoyo.

2* Si no puedes (o no quieres) dejar el alcohol, al menos reduce la cantidad.

Puedes seguir disfrutando de una bebida, pero de menor tamaño.

Prueba a beber cerveza embotellada en lugar de pintas, o una copa de vino pequeña en lugar de una grande.

Esta teoría se aplica a los tragos cortos (por ejemplo, el whisky), siempre que entiendas y te comprometas a dejar de beber en las primeras rondas.

3* Reduce la frecuencia a la que consumes alcohol

Estate sin beber varios días a la semana.

Evidentemente, el hecho de consumir menos alcohol supone una oportunidad de aumentar tu rendimiento (dentro y fuera del gimnasio) hasta el punto de que el equilibrio energético que consigas tenga un efecto significativo en tu composición corporal.

4) Reducir la graduación.

Puedes pasar fácilmente de una cerveza rubia del 5% a una versión del 4% (por ejemplo).

Pida una sola medida de alcohol  en vez de igualar la de tus colegas y estate siempre atento a los vinos y cervezas con baja graduación cuando las veas en el supermercado.

 

 

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